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Hoy me siento a escribiros una entrada que os adelanto que va a ser un poco extensa y que no solo va a tratar temas lingüísticos, pues conlleva una gran carga emocional para mí. Además de comentar la palabra –o, mejor dicho, la parejita de palabras– elegida, os contaré un poco más sobre mí, sobre mi entorno y sobre mi pasado (nada turbio, tranquilos), sobre cómo la taquigrafía permitió que yo existiera y cómo también protagonizó una vivencia que me marcó profundamente y me hizo reflexionar sobre los misterios de la mente humana.

Esta entrada se la quiero dedicar a mi padre –que en paz descanse–, excelente taquimecanógrafo y responsable de que esta que os escribe –aun con mis uñas kilométricas cuando era una jovenzuela– lograra dejar anonadados con mis infinitas pulsaciones a mis primeros jefes cuando empecé a trabajar como secretaria a la tierna edad de 17 años. Gracias a él aprendí mecanografía y taquigrafía y logré ahorrar mucho tiempo al teclear con los diez dedos –unos más fuertes que otros ante el teclado de la Underwood− y ser capaz de tomar apuntes con esos garabatos que nadie entendía, sin omitir detalle. Hagamos un paréntesis en lo personal…

«Steno pool» alude al conjunto o equipo de taquígrafos de una empresa o institución, o incluso podríamos hablar del servicio de taquigrafía, entendido como el grupo de personas que atiende las labores taquigráficas. En realidad, «steno» es abreviatura de «stenographer», es decir, aquella persona que sabe o profesa la estenografía o taquigrafía. Y os va a encantar la definición de la RAE de taquigrafía: «Arte de escribir tan deprisa como se habla, por medio de ciertos signos y abreviaturas». Y «pool » se utiliza en su acepción de grupo.

Diálogo de Masters of Sex: 

LILLIAN: What does being pleasant have to do with women’s health? Cervical cancer isn’t pleasant. Bill Masters isn’t pleasant.

VIRGINIA:  That’s true. But the rules are different for men and women. Trust me. A little charm goes a long way.

LILLIAN: Pearls of wisdom from the steno pool.

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LILLIAN ¿Qué tiene que ver ser agradable con la salud de las mujeres? El cáncer de cuello de útero no es agradable. Bill Masters no es agradable.

VIRGINIA Eso es cierto, pero para los hombres las normas son distintas que para las mujeres. Hágame caso, con un poco de encanto se llega lejos.

LILLIAN Perlas de sabiduría del equipo de taquigrafía.

Existen varios métodos de taquigrafía, aparte del componente subjetivo que cada taquígrafo le añade y que configura su propio método: el de Pitman, el de Gregg, el de Teeline, el de Garriga… y el de Martí, el considerado como más perfecto hasta el siglo XIX y creado por quien al parecer, fuera el inventor de la taquigrafía, el valenciano Francisco de Paula Martí y que es el que yo aprendí. Lo aprendí de mis padres, sobre todo de mi padre, pero también de mi madre. Sí, sí, ella también sabía taquigrafía… ¿No sospecháis por qué? Porque la taquigrafía fue lo que unió a mis padres. Ellos se conocieron en la escuela de taquigrafía en Madrid y allí, entre curvas y garabatos, surgió el amor ♥ ♥. Y luego, con el tiempo, y gracias a la taquigrafía, nací yo.

La taquigrafía me fue muy útil para tomar apuntes en la universidad, cuando estudié Económicas, por el gran ahorro de tiempo que supone al escribir. Grosso modo, y citando las palabras de José Luis García Brocara, profesor de la Escuela Especial de Taquigrafía de la Real Sociedad Económica Matritense de Amigos del País, podríamos decir que la taquigrafía consiste en un arte «que tiene por objeto representar los vocablos de un idioma con la misma velocidad que se pronuncian, mediante un conjunto de signos especiales, sistemáticamente ordenado». El alfabeto taquigráfico se compone de símbolos que se asocian a la representación fonética de los distintos sonidos del alfabeto –de ese modo, por ejemplo, la b y la v se representan mediante el mismo símbolo–. Hay normas y convenciones como: (i) la manera en que han de enlazarse unos signos con otros formando una sola figura –que generalmente se corresponde con una palabra– y que se denomina monograma o taquigrama; (ii) la supresión de las llamadas vocales débiles (e, i) y ciertas consonantes, (iii) símbolos que representan declinaciones, (iv) contracciones (reunión de dos o más palabras en un solo monograma), (v) prefijos, (vi) terminaciones… etc. etc. Si a alguien le interesa, otro día puedo hacer una entrada más exhaustiva sobre la taquigrafía.

Cuando, posteriormente, empecé la carrera de Traducción, en clases de interpretación consecutiva me pillaron usando la taquigrafía en mis notas… y me la prohibieron tajantemente. En interpretación consecutiva, la manera de tomar notas ha de girar en torno a ideas o conceptos que luego nos permitan recordar el discuro casi literal, no se trata de escribir literalmente el discurso como persigue la taquigrafía y emplearla como intérprete, era más bien como hacer trampa. Lamentablemente, dejé de usar la taquigrafía prácticamente del todo y la fui olvidando…

Sin embargo, la vida me depararía al cabo de los años una escena muy dura en la que tuve que hacer titánicos esfuerzos por recuperar de lo más hondo de mi memoria mis conocimientos sobre taquigrafía. Os advierto que ahora la cosa se pone triste y que según os lo relato, no puedo evitar rememorarlo y que se me empañen los ojos en lágrimas. Al final de su vida, mi padre fue perdiendo la cabeza. Al principio, eran solo pequeños despistes, pero con el tiempo, la cosa fue agravándose a pasos agigantados hasta el punto de olvidar que tenía una hija. Me confundía con su hermana y me llamaba por su nombre. Fue apagándose y perdió la voz. Recuerdo que un día, poco antes de dejarnos, intentaba comunicarse, pero como no se le oía, me pidió un papel y lápiz por señas. Se lo di y escribió apenas unas líneas. Cuando cogí el trozo de papel para leerlo, para mi sorpresa… ¡el mensaje estaba escrito en taquigrafía! Imaginaos mi desesperación por comprenderlo; yo casi había olvidado la taquigrafía, pero milagrosamente, con mucho esfuerzo, fui capaz de leer el mensaje, que me vais a permitir que guarde para mí. No es de sorprender que la mente de mi padre, que durante toda su vida laboral y más tarde, cuando se jubiló, escribía siempre en taquigrafía, olvidara la escritura convencional, pero no así la taquigrafía, que se había convertido en él en casi un acto reflejo. 

Ahora entenderéis el especial significado que la palabra taquigrafía tiene para mí. La foto que ilustra esta entrada reza: «Me llamo Marta y soy traductora» (escrito con todas las letras y disculpando mi pulso de escribir con el Paint, porque en taquigrafía más avanzada, usaríamos otros símbolos que agrupan sonidos…).

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