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No me puedo creer que la última entrada del blog fuera de hace… ¡cosa de medio año! Me han pasado muchas cosas en estos últimos meses que son, en parte, la explicación de tan prolongada ausencia. Como veis, he estrenado nueva web de Traducine, he cambiado el nombre y la dirección web de mi tienda solidaria (Tradugifts), he lidiado con los reveses propios de la vida y me he animado a ir de forma continua a clases de doblaje, pero no he dejado de escribir, solo que he andado haciéndolo en otro lado y coordinando cierto proyecto que me va a permitir cumplir un sueño: ¡el de publicar mi primer libro! Ya os daré más detalles y le dedicaré una entrada porque algo va a tener que ver con el inglés de refilón, o no tan de refilón.  Hasta ahora mantenía el blog en la plataforma WordPress y en mi web, pero para simplificarme la vida -uno de mis propósitos de año nuevo-, os he trasladado a quienes estabais suscritos por email a una lista de distribución (a la que podéis suscribiros aquí y llevaros un llaverito, que si ya estáis suscritos y no tenéis podéis pedirme por email), pues, al menos de momento, solo mantendré este blog. Si preferís no suscribiros, también podéis seguirme en las redes sociales Facebook y Twitter.

Hoy rescato una palabra que nos va a dar mucho juego, aunque su traducción sea muy sencilla: zoótropo -en inglés, zoetrope-. Nada más leer esta palabra en un guion de audiodescripción de la serie de RTVE Acacias 38, en la que durante algo más de un año he sido esa voz en off que narra las audiodescripciones para que las personas ciegas puedan disfrutar al máximo de la experiencia televisiva, supe que protagonizaría una de mis entradas porque merecía ser rescatada. Se trata de un curioso invento del siglo XIX consistente en una caja cilíndrica giratoria con figuras dibujadas en su interior y que, al ser vistas a través de sus rendijas cuando se gira el aparato, producen la ilusión óptica de que una sola figura se mueve. Junto con el praxinoscopio -en inglés, praxinoscope-, sería el preludio del cinematógrafo y lo que, en definitiva, ha permitido que hoy esté aquí escribiéndoos. Su inventor fue William George Horner y le puso el nombre de «dædaleum» -algunas veces se encuentra esta denominación, con la grafía presuntamente incorrecta de daedalum en inglés-, en honor al mito de Dédalo, aunque sería William Ensign Lincoln, quien en 1865 inventara el zoótropo definitivo.

Y para estrenar año, blog, vida nueva, etcétera, etcétera, os traigo un easter egg, vamos, una sorpresita. Sorteo este praxinoscopio -que se puede adquirir en mi tienda solidaria- entre todos aquellos que me escriban un email-y que añadiré a la lista de distribución, si no están ya- y realicen una de estas acciones: a) retuitear la entrada, b) darle a “Me gusta” en la publicación de Facebook, c) compartir esta entrada en su muro de Facebook o d) comentar esta entrada del blog. Puedes hacerlo hasta el día 28 de febrero de 2017

¿Conocíais estos artilugios?

MBJ

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